Día 8: No generalices

Pensamientos generalizados Reto autoestima

Los pensamientos generalizados consisten en llegar a conclusiones precipitadas, generalmente equivocadas, basándonos sólo en una pequeña percepción que tenemos. Una persona que ya ha fracasado en algo puede caer en el pensamiento de que «todo me sale mal». O sí has tenido un fracaso amoroso, podrías pensar «nadie me quiere». Suele ser un pensamiento automático, por lo cual en ocasiones no nos damos cuenta ni siquiera de lo que estamos pensando.


Estas ideas pueden provenir de un acontecimiento pasado, de una observación del entorno o inclusive de una opinión ajena. Todo esto nos pone a la defensiva, porque nos hace esperar situaciones negativas sin darnos la oportunidad de abrirnos a una nueva resolución de los conflictos o de las situaciones que estamos viviendo.

Si vivimos siempre esperando acontecimientos negativos, es natural que la generalización nos produzca malestar, ansiedad y mucho estrés. Además, cuando pensamos de esta forma nos sentimos desmotivados. Y cómo no sentirnos así si siempre estamos pensando que todo nos va a salir mal. O peor: que vamos a volver a vivir lo que ya hemos pasado antes. Se trata de un pensamiento bastante dañino que nos incapacita para tomar decisiones, para asumir retos nuevos o para creer en nosotros mismos.

Por ejemplo, si en el pasado sufrimos una decepción amorosa, empezamos a desconfiar de todos los candidatos a una relación de este tipo. También pasamos a desconfiar de todos aquellos que tengan características parecidas a las de esa persona que nos lastimó. Si fuimos heridos por un amigo, empezamos a pensar que no existe la verdadera amistad. Pensamos que todos los que se acerquen en el fondo son unos traidores, o egoístas, o lo que sea que nos haya ocurrido en la experiencia anterior.

En la misma medida puede ocurrir cuando se trata de conseguir nuestras metas. Si anteriormente hemos intentado conseguir un sueño sin éxito, podemos pensar que nunca vamos a poder lograr lo que queremos. Si ya hemos fracasado antes podemos tener pensamientos generalizados y pensar que nunca vamos a tener éxito.

Esto afecta nuestra autoestima, porque si hemos cometido algún error es probable que pensemos que en un futuro vamos a cometer el mismo error. Es decir, no nos creemos capaces de corregir o de resolver las situaciones que se nos presenten. Dejamos de creer en nuestra propia capacidad de acción o de resolución, y pensamos que no seremos capaces de hacer las cosas bien. Puede ser que sintamos que no hemos aprendido nada de lo que nos pasó, y esto nos lleve a renunciar antes de volverlo a intentar.

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La generalización como un mecanismo de defensa

Este tipo de pensamiento es una forma de protegernos de experimentar nuevas frustraciones en situaciones que ya hemos sufrido en el pasado. Cuando sentimos dolor o rabia por algo negativo que nos ocurrió, nuestra naturaleza nos lleva a generar defensas para evitar nuevas situaciones difíciles. Quizá inconscientemente nos aferramos a generalizar para no volver a enfrentarnos con una situación parecida a la que nos hirió. Es en sí un mecanismo de evasión.

La generalización nos lleva a un estado en el que nos sentimos indefensos ante las situaciones externas. De esta manera nos estamos protegiendo sin darnos cuenta, pero también nos estamos anulando. Sin embargo hay una buena noticia: cuando nos vamos volviendo más fuertes nos hacemos más capaces de enfrentar situaciones desagradables. Y en esa misma medida abrimos nuestra mente a nuevas posibilidades, y dejamos de necesitar defensas como los pensamientos generalizados.

Afrontar este tipo de creencias puede asustar, porque supone someternos de nuevo a situaciones que anteriormente nos han hecho daño. Sin embargo, si tú ahora sientes que esta forma de pensar te asfixia, te ahoga o te agobia, probablemente estés más preparado para afrontar las situaciones que en un pasado te costó afrontar.

El deseo de cambiar es un claro indicio de que necesitamos ese cambio. Cuando decidimos soltar viejos hábitos, es porque ya estamos deseando para nosotros mayores cotas de bienestar, de paz interior o de felicidad. En este punto estamos en un proceso de aumento de nuestra autoestima. Empezamos a sentir que merecemos algo mejor, que queremos ser mejores y sentirnos mejor, y todo esto proviene de la necesidad de amarnos más.

La generalización como un mecanismo de justificación

Otro aspecto menos amable de la generalización es cuando la utilizamos como justificación. Podemos recurrir a ella para justificar alguna forma de pensar que no queremos cambiar, aún cuando sepamos que puede ser negativa. Conozco a varios que generalizan como una forma de darle consistencia a sus prejuicios.

Por ejemplo, conozco a alguien que tiene muchos prejuicios hacia las personas con bajo nivel socio económico. Este amigo aprovecha cualquier ocasión en la que se habla de delincuentes de bajo estatus para justificarse y decir que todos los que pertenecen a esa clase social son iguales. Una afirmación como esa además deja tácito el concepto de que si una persona tiene alto estatus económico nunca será un ladrón.

Hay que tener mucho cuidado de no estar usando estas generalizaciones como una forma de justificar otros conceptos que nos negamos a aceptar como propios.

Mi experiencia con los pensamientos generalizados

Recuerdo que cuando tenía 21 años yo ya soñaba con tener un negocio propio y trabajar por mi cuenta. A esa edad carecía de la experiencia necesaria para llevar un negocio. Sin embargo soñaba con ello y eso me motivó a actuar, hasta que conseguí abrir una pequeña tienda en la zona donde vivía.

Este proyecto no salió bien, y a los pocos meses tuve que cerrar el local, quedándome muy endeudada. Esta situación me llevó de un trabajo a otro (trabajos que hacía sin ninguna motivación) para poder pagar esas deudas. Algunas voces a mi alrededor emitieron juicios de que yo no valía para tener un negocio propio, que no era organizada ni disciplinada. Esas opiniones además me indicaban que lo que yo tenía que hacer era trabajar «como la gente normal».

Yo por un tiempo me creí verdaderamente incapaz de manejar un negocio. Sin embargo, ese deseo seguía allí, hablándome, girando en mi mente. Era tan fuerte ese sueño, y tan grandes mis sentimientos de frustración con cada empleo que conseguía, que un día decidí volverlo a intentar. Empecé un negocio con un pequeño capital propio, que no me produjo mucha rentabilidad, pero sí me aportó confianza en mí misma. Eso era lo que necesitaba.

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El caso es que de esa segunda oportunidad que me di aprendí que no todos mis proyectos tenían que resultar catastróficos, porque eso era lo que había sentido desde que cerré mi primer negocio. «Todo lo que haga terminará en catástrofe, porque no soy capaz de manejar un negocio», era mi pensamiento generalizado. Esto me llevó a experimentar con pequeños negocios que no requerían de grandes inversiones, ya que yo seguía endeudada.

Con el paso del tiempo decidí abrir mi segundo negocio grande, que fue una pequeña empresa de cosmética artesanal. Esta pequeña empresa me produjo muy alta rentabilidad, la más alta que había conseguido de ninguno de mis proyectos, y me sostuvo económicamente durante 5 años de mi vida.

Hoy en día continúo trabajando por mi cuenta y construyendo más proyectos. Si yo no hubiese cambiado mi forma de pensar, nunca hubiese conseguido tener confianza en mí misma ni un negocio exitoso. Pero lo más importante fue que adquirí experiencia y conocimientos que me han servido para otros emprendimientos.

¿Cómo cambiar los pensamientos generalizados?

Un buen ejercicio para cambiar el pensamiento generalizado es preguntarle a otras personas su opinión, y contrastar luego esta opinión con la nuestra. Ver las cosas desde diferentes puntos de vista te puede ayudar a formarte una opinión más completa y más realista de una situación. Habla del tema con gente de tu confianza, y comparte con ellos lo que piensas tú, esperando que te den su punto de vista. Si haces este ejercicio con la apertura necesaria, puedes llegar a conclusiones que te sorprenderán.

Otro ejercicio que puedes poner en práctica es el de aprender a observar tu entorno. Esto te permitirá llegar a nuevas conclusiones por ti mismo. Por ejemplo, si crees que todos los hombres son iguales, busca en tu entorno hombres que no cumplan con esos parámetros. Si has generalizado que todas las personas son infieles, busca en tu entorno ejemplos de parejas fieles. Lo mismo puedes aplicar con las amistades o con otro tipo de relaciones.

Inspirarte en casos de éxito de la vida real también puede servirte de gran ayuda para liberarte de pensamientos generalizados. Busca personas que se encontraban en la misma o peor situación que tú en el momento que te enfrentaste a la situación difícil. O también puedes buscar casos de personas que se encontraban en tu situación actual y pudieron superar los obstáculos.

Estos ejercicios tienen la finalidad de encontrar a tu alrededor pruebas reales, evidencias. Estas pruebas te harán darte cuenta de que el pensamiento generalizado que estás extrapolando no es tan realista como has podido creer hasta ahora. Se trata de poner en duda esas creencias generalizadas, y refutarlas con pruebas. Esto ocasionará el efecto de que quieras comprender cuáles fueron las verdaderas causas de lo que te ocurrió en el pasado.

Es importante que busques dentro de ti las verdaderas razones por las cuales el éxito que deseabas no se concretó en el pasado. Estas razones podrían ser defectos de tu carácter, inexperiencia como me pasó a mí, etc. También podría tratarse de factores externos que influyeron para que no tuvieses éxito. Quizá no todo lo que ocurrió sea tu culpa, quizá estés generalizando sin darte cuenta. Te invito a repasar el día 6 del reto en el que hablamos sobre la culpa, para que evites caer en esta conducta.

Busca las verdaderas razones de tu experiencia pasada, y date cuenta de que no necesariamente tienes que repetir lo que viviste. Así irás desmintiendo a esos pensamientos generalizados. Date cuenta de que ahora eres otra persona, más madura y con más experiencia, lo cual te va a servir para volver a afrontar la situación que temes. Si realizas estos ejercicios y consigues determinar las causas con objetividad, esa información te ayudará a planear una nueva estrategia para afrontar esas situaciones. Pero sobre todo sentirás motivación, y te darás cuenta de que puedes recuperar tu auto confianza. 

1 comentario en “Pensamientos generalizados – Día 8 Reto Autoestima”

  1. Estoy de acuerdo en que no es adecuado generalizar, porque ni las personas ni las situaciones son siempre iguales. Debemos analizar cada nueva situación y aunque es bueno considerar las experiencias que hemos tenido antes, no es bueno cerrarnos a las nuevas oportunidades que nos presenta la vida; hay que tomar riesgos calculados y permitir que nuestra intuición nos guìe ante los nuevos desafìos. Como tú dices debemos diferenciar entre la realidad y los prejuicios «Arriesgarnos con inteligencia es parte de estar vivo»
    Saludos

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