Día 5: Pon límites saludables

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De la misma forma en que nuestra piel es el límite que protege al cuerpo de factores externos, en es misma medida nuestros límites personales nos protegen de agresiones externas, porque representan fronteras personales infranqueables. Por eso cuando alguien los violenta nos sentimos vulnerables y nos vemos envueltos en situaciones de mucho malestar. Sobrepasar estas barreras puede deberse a un abuso de confianza o a una falta de respeto, pero también puede ocurrir que quien las traspasa no es consciente de que lo está haciendo.

Nuestro bienestar emocional depende en gran medida del respeto y la importancia que le otorgamos a nuestros propios límites personales. Por supuesto, para darles la prioridad que se merecen es necesario que primero conozcamos esos límites, cuáles son, qué tan flexibles podemos ser con ellos y hasta qué punto debemos defenderlos. Recuerda que los límites ponen orden en nuestra vida y en la de quienes nos rodean, y son factores muy influyentes en nuestra autoestima.

Conociendo nuestros límites

Cada uno de nosotros tiene sistemas de valores, creencias y pensamientos que nos diferencian de los demás: cada quien tiene una forma de ser única. Por tanto los límites personales también varían, ya que son una consecuencia directa del conjunto de todas estas características. Por ejemplo, puede ser que a algunas personas les incomode mucho que sus compañeros le pongan un apodo; sin embargo a otras personas esto les divierte, y no solo eso, sino que a su vez se aplican para rápidamente pensar en un apodo que ponerle a sus compañeros. Así podemos ver que en el segundo caso no se produce una transgresión de los límites personales, mientras que en el primero de los casos sí se produce.

Es evidente que existen situaciones que constituyen una violación de los límites de cualquier persona: violencia física o violencia verbal, humillaciones, abusos de autoridad o abusos de confianza, invasión de la intimidad, etc. Todas estas son situaciones que no debemos permitir en ningún caso. Todo esto es inaceptable, y en muchas ocasiones puede llegar a ser denunciable y penado por la ley.

Los límites sanos son aquellos que establecemos cuando nos conocemos a nosotros mismos, cuando nos escuchamos y observamos. Por eso para poder establecerlos para el resto del mundo, debemos tenerlos muy claros. Es decir, que uno de los secretos para establecer estos límites saludables es el de aprender a observarnos. Si tomamos consciencia de esos momentos o situaciones que nos hacen sentir mal, que nos hieren y nos lastiman, entonces allí tenemos información muy valiosa para determinar donde están nuestros límites personales. 

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Te propongo que ahora mismo pienses en una situación en la que la conducta de otra persona te haga sentir mal. Puede ser ese momento en que un compañero de trabajo te llama por un apodo que a él le parece chistosísimo, pero que a ti no te agrada en absoluto. O puede ser ese momento en que tu pareja te dice que no confía en tus capacidades, como me pasó a mí.

Tuve una relación con alguien que me decía esto constantemente. Esta persona consideraba que me conocía muy bien, pero la triste realidad es que él nunca se ocupó de ser consciente de mis emociones más profundas, de los por qués de mis conductas, de cuáles eran mis temores o cuáles las defensas que yo había desarrollado para proteger esas emociones profundas que él ignoraba.

Basándose en ese concepto superficial y básico que tenía sobre mí, y en una serie de cuestiones personales suyas, llegó a la conclusión de que yo no era capaz de concretar nada de lo que me proponía. En este momento yo podría decirte que la culpa de esa situación era de él,  porque nunca se preocupó lo suficiente por mí como para darse la oportunidad de conocerme de verdad, y mucho menos quiso apoyarme en mi proceso de convertirme en mejor persona.

Yo podría centrarme en que nunca fue ese tipo de hombre que sabe sacar lo mejor de una mujer, o en que su trato hacia mí siempre fue superficial y egoísta. Sin embargo si caigo en eso, estaría obviando que mis reacciones al escuchar aquellas palabras siempre fueron permisivas, mucho más de lo que me gustaba admitir. Sí, él puede haber tenido sus propias carencias y defectos, pero la pregunta correcta aquí es: ¿qué estaba pensando yo para permitirle hacerme sentir como una inútil?

Lo que yo estaba pensando en ese momento era simplemente que yo era una inútil, una persona con pocas capacidades de lograr las cosas que se proponía, y los sentimientos que esos pensamientos me generaban eran de incapacidad obviamente, porque no creía en mí misma. Al pensar que yo misma era una incapaz terminaba actuando de esa manera porque permitía que mis temores y mis carencias de autoestima tomaran protagonismo en mis decisiones. Y por supuesto, cometía el error de permitirle a alguien que me infravalorara, y de paso permitía que me hiriese con sus comentarios despectivos.

Por eso resulta fundamental observarnos, conocernos. Al observar mi situación, era vidente que se trataba de una transgresión que yo misma estaba permitiendo, pero cuyo origen no era la forma de ser o de pensar que pudiese tener él. El origen de esa situación era el concepto que yo misma tenía sobre mí. ¿Puedes ver la diferencia?

Mejora tus relaciones con los demás: pon límites saludables

Una vez que te observes, podrás darte cuenta con relativa facilidad dónde están ubicados tus límites exactamente. es el momento de empezar a hacer cambios. Quiero aclararte que los procesos de cambio no son instantáneos, que son eso: procesos. Toma tiempo que las personas que se han habituado a traspasar esos límites como algo natural desaprendan esa conducta, y que reaprendan una conducta nueva, una nueva forma de tratarnos. Toma tiempo además que nosotros mismos nos habituemos a disfrutar de nuestros nuevos límites, aceptarlos a tal punto que aprendamos cómo hacer que los demás los respeten.

Puedes empezar por imaginar cómo te sentirás cuando ese compañero de trabajo ya no vuelva a llamarte así. Toma unos minutos para visualizar la nueva situación, imagínala con el mayor detalle, y lo más importante: siente esas sensaciones de alivio y de bienestar que tendrás si empiezas a poner el límite en su lugar. Este ejercicio es fundamental para hacerte sentir la fuerza y la motivación que necesitas para afrontar los cambios que te dispones a enfrentar. Haz esto a diario para que no pierdas por el camino ni el enfoque ni la motivación.

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Evalúa qué acciones puedes tomar. ¿Esa persona es de confianza? ¿Se puede hablar con ella, es factible decirle de frente cómo te sientes? ¿Lo entendería? Todas estas preguntas debes hacértelas antes de decidir cómo actuar. Tal ve solo con ignorarla sea suficiente y deje de ponerte ese apodo, es cuestión de evaluar la situación y el tipo de relación que tienes con esa persona. No es lo mismo la relación con un amigo que con tu jefe, o la relación con tus hijos que con un vecino.

Establece un plan de acción que pueda ayudarte. Tal vez hablar con esa persona, tal vez ignorarle, tal vez confrontarla. Pueden darse situaciones en las cuales decidas que ni siquiera te merece la pena mantener una relación con esa persona, y quizá decidas cortar por lo sano. El abanico de posibilidades es tan amplio como personalidades hay en el mundo. Lo importante es que, lo que decidas esté orientado a cuidar de tu salud mental y de tu propio bienestar, y jamás lo orientes a otros propósitos como manipular a esa persona, vengarte o hacerle daño de cualquier otra forma para darle «su merecido». Tus conductas deben estar orientadas a tu crecimiento personal, no centradas en los demás, porque entonces no estarás haciendo el trabajo: estarás solo perdiendo tiempo y energía.

Aprende a decir que no: los límites y el respeto

Nada de lo que hagas tendrá sentido si no partes de una base fundamental: los nuevos límites que quieres establecer tienen que ser el reflejo de tus propias conquistas internas. Me explico: si yo nunca hubiese superado mis sentimientos de incapacidad jamás habría conseguido poner mis nuevos límites a esa pareja que tuve. En mi caso existían más razones para abandonar esa relación, así que mi proceso personal me llevó a ese punto en el que dije: «Te dejo».

Sin embargo, lo mejor vino después. Mi propia conquista de autoestima y mis nuevos sentimientos de capacidad me llevaron a crear un negocio propio. El caso es que no solo pude abrir mi negocio, sino que lo sostuve durante cinco años, y fue el que me dio las bases para ahora emprender este camino que hoy transito. Pero lo más sorprendente es que en medio de la prosperidad de mi primer negocio rentable, esta persona, que en ese momento era ya mi ex pareja, me pidió convertirse en mi socio.

Aquello me llenó de alegría porque me di cuenta de que alguien que jamás creyó en mí, ahora se daba cuenta de mis verdaderas capacidades. Claro, aquello llegaba demasiado tarde, pero lo que quiero que veas es que el cambio no está afuera, no se trata de hacer cambiar a las personas su forma de pensar o su forma de actuar respecto a nosotros. Se trata de cambiar nosotros primero para que los demás se ajusten como puedan a esos nuevos límites. De eso se trata la vida misma.

Los demás pueden elegir ajustarse o no, y eso es algo que debemos estar preparados para aceptar. Yo nunca aconsejo sacrificar un proceso personal poderoso por una tercera persona, pero eso es una elección personal. Si el otro no se ajusta a tus nuevos límites, tú puedes escoger volver atrás, a los viejos límites, pero con eso estarías cediendo tu propio poder a un tercero que actúa de forma egoísta. Porque si alguien te ama con generosidad no va a permitir que tú estés mal contigo mismo solo por quedarte a su lado. Sin embargo todos somos libres de decidir qué hacer en cada momento. En cambio cuando las personas aceptan tus nuevos límites es genial, siempre y cuando esos nuevos límites no atropellen a su vez los límites saludables de los demás.

2 comentarios en “Establece límites saludables – Día 5 del Reto Autoestima”

  1. Es fundamental saber fijarles lìmites saludables a los demás, tanto para sentirse uno respetado, como para que se mantengan relaciones positivas y duraderas con las personas que nos rodean.
    Pero como dices muy bien, para poder establecer esos lìmites, tenemos primero que conocer nuestro valor como seres humanos, nuestras fortalezas y què queremos lograr; para no permitir que personas tòxicas y acomplejadas nos quieran manipular para su conveniencia.

    1. Hola Silvia. Es correcto lo que dices, estoy de acuerdo al 100 %. Algunas personas no saben manejar o reconocer sus emociones, y terminan desahogando esas frustraciones con los demás. El problema es que si encuentran personas que no tienen claros los límites, la relación se convierte en manipulación, y ahí viene lo difícil. Saber poner límites en realidad es un favor que nos hacemos a nosotros mismos y a esas personas también, aunque ellos no lo vean así.

      ¡Saludos!

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