No te fijes objetivos: desarrolla tus cualidades

Exito feliz

Un error muy común cuando trabajamos por nuestras metas es el de pensar que nuestra valía está definida por los logros que alcancemos. Este pensamiento nos impulsa a trabajar demasiado, y por ende, a exigirnos demasiado o a no estar contentos con nada de lo que hagamos.

Es terrible el estrés que puede generar trabajar con este tipo de pensamientos en la mente. Conozco personas muy talentosas que no se atreven a actuar por temor de fallar. Es muy común que estas personas no identifiquen sus virtudes, y que, por tanto, necesiten logros para demostrar a los demás que ellos sí valen. Lo que ocurre al cargar esas metas con una presión tan grande es que se paralizan y les cuesta actuar, porque se llenan de temor.

En este caso, sentir esa parálisis y esos miedos es algo normal. Piensa que no se trata solo de lograr una meta, sino de demostrar su propia valía personal a través de esa meta. Es por ello que la presión aumenta, y si esa meta no se consigue, esto reduce la autoestima. La cosa se pone peor cuando nos damos cuenta de que no solo hablamos de éxito a nivel profesional o económico, sino que puede tratarse de un matrimonio exitoso, una familia estable, éxito social, etc.

Existe otro grupo de personas que, por más logros que consiguen, no acaban de sentirse bien consigo mismas. Se esfuerzan al máximo para alcanzar sus metas, trabajan muchas horas, e incluso hacen todos los sacrificios que consideran necesarios para lograr aquello que se proponen. Son perseverantes, organizados, talentosos, creativos, y esas cualidades que tienen los llevan al éxito, por lo que suelen lograr sus metas.

Sin embargo, una vez que alcanzan el éxito no lo disfrutan, es como si algo les faltara. Y la verdad es que es muy triste trabajar tan duro y al final no ser capaces de disfrutar los frutos de sus esfuerzos, sino que acaban igual de vacíos que al principio. Yo misma formé parte de este sector de la población durante muchos años, y sé lo frustrante que esto puede ser.

En ambos casos, la sola idea del fracaso es intolerable. En ambos casos, el miedo a la frustración está presente, y en ambos se asocia el éxito con la valía personal. Si pudiésemos escuchar sus pensamientos, serían algo así: «Si tengo éxito, es porque valgo mucho, pero si fracaso, me daré cuenta de la verdad: no valgo nada».

Para el primer grupo de personas, la frase que sigue al pensamiento que describí sería algo así: «Por eso mejor es que no corra riesgos». En el segundo grupo, el mío, era algo como: «Por eso necesito esforzarme aún más».

Es evidente que asociar nuestra valía personal con nuestros logros tangibles se debe a que no tenemos tan claro lo que de verdad valemos. Más bien vamos por la vida sintiéndonos deficientes, inadecuados, llenos de cualidades negativas y escasos de virtudes. En este caso, lo que necesitamos está claro: cambiar el enfoque de identificar nuestra valía personal con el logro de nuestras metas.

Cambiar el foco de atención

Una frase recurrente que siempre le he dicho a mi hijo es: «no te pido que obtengas ninguna calificación específica, pero sí te pido que seas responsable y que cumplas con tus tareas y deberes». En contraposición a este discurso, mi madre siempre me dijo: «tienes que ser la mejor de tu clase».

Yo pasé toda mi infancia haciendo justo eso: sacando las mejores calificaciones, siempre entre los alumnos con las notas más sobresalientes. Recuerdo que si sacaba uno o dos puntos por debajo de mis calificaciones habituales, me sentía tan mal que me daba vergüenza llevar esa nota a mi casa.

Crecí de esa manera, pero me fui dando cuenta de que eso me hacía sentir mal. Mis notas eran las mejores, pero yo no estaba conforme. En la adolescencia me sentía cansada, desmotivada, ya no quería estudiar, y en ese período mis calificaciones empezaron a bajar estrepitosamente. Pasé de estar entre las mejores alumnas de la clase a aprobar «por los pelos». Sin embargo, esa rebeldía por mi parte me hacía sentir liberada, y en el fondo me traía bienestar.

Con 15 años había descubierto que ya no quería ser la estudiante perfecta, porque eso me hacía sentir demasiada presión. Y creo que en ese momento disfruté por primera vez de las escasas horas que le dedicaba al estudio. Cuando tuve a mi hijo, estaba decidida a buscar una manera alternativa de enseñarle a estudiar, y esa manera fue la de pedirle el desarrollo de una cualidad, de una virtud, en lugar de un resultado concreto en sus calificaciones.
«No quiero ver notas, quiero ver responsabilidad».

Al decirle eso a mi hijo, le estoy pidiendo que desarrolle una cualidad, y esa cualidad aumenta su autoestima. Al ayudarlo con sus tareas y deberes escolares, en realidad le estoy ayudando a desarrollar una virtud, no a perseguir un resultado específico. Le felicito cada vez que entrega un trabajo bien hecho en lugar de felicitarle por la nota obtenida. Y de esa manera, mi hijo se sintió motivado a estudiar desde pequeño. Hoy en día sigue siendo un buen estudiante, honestamente suele sacar las mejores notas, y nunca le han reprobado una materia y menos un curso escolar.

¿Qué pasa si él se ha esforzado al máximo pero la profesora considera que su trabajo es regular, y le pone una calificación regular? ¿Eso quiere decir que su valía personal es también regular? Exactamente eso quiero evitar. Su valía personal es la que él considere gracias a sus virtudes, no la que considere una persona externa gracias a su capacidad de redacción, presentación del trabajo, etc.

El exito y el bienestar personal

Quiero que notes que estamos hablando de conceptos diferentes. Por un lado, la valía personal lo abarca todo: virtudes, defectos, cualidades, valores, conductas. La autoestima se refiere a lo que nosotros pensamos que somos y valemos. Por su parte, el éxito es nuestra capacidad de alcanzar una meta. La profesora no evalúa tu valía personal o tu autoestima en un trabajo de ciencias. Ella evalúa si el trabajo está bien presentado, bien redactado, si responde a todas las preguntas que ella hizo, etc.

Tu jefe tampoco evalúa tus virtudes, defectos, valores y cualidades cuando le entregas el gráfico de las ventas del trimestre. Tampoco le importa lo que tú pienses de ti mismo. Por tanto, definir nuestra valía personal según la calidad de nuestro trabajo es un error grave, que además se suele pagar caro. Y, de nuevo, esto aplica a todos los aspectos de nuestra vida, no solo al aspecto profesional, por lo que si a tu esposo no le gusta cómo le lavas la ropa no debe significar para ti que vales menos como mujer.

¿Nunca te has preguntado qué quieres del éxito? ¿Por qué sientes que perseguirlo como posesos? Te invito a que te respondas ahora mismo lo siguiente: ¿Qué prefieres: ser exitoso o ser feliz?

¿Qué dicen de nosotros nuestros éxitos?

¡Absolutamente nada! El éxito externo es una prueba de que has dominado un arte, has crecido en una profesión, has sabido administrar un negocio, has podido mantener una buena relación, pero aparte de eso, no dice nada más sobre ti. Al contrario de lo que puedas pensar, el éxito no dice si vales mucho o poco, si sabes mucho o poco, si tienes talento o no, si tienes virtudes o no, si te comportaste bien o no.0071a1

Conozco muchos virtuosos que no han tenido éxito, muchos universitarios trabajando en la caja de un supermercado, muchas personas muy inteligentes pero que, por problemas económicos, laborales o por tener una mala relación consigo mismos no han alcanzado el éxito. Y también conozco personas que han tenido mucho éxito estafando a los demás o con prácticas poco decorosas.

Y en el punto medio están quienes alcanzan el éxito externo luego de afianzar su autoestima y mejorar su relación consigo mismos. Esa es la fórmula que conozco para obtener éxito y felicidad al mismo tiempo. Por eso, juzgar un libro por su portada no te dejará nada. Juzgarte a ti mismo por tu propia portada tampoco te dejará nada más que una sensación de vacío en el fondo, de falta de valor personal. Tengas éxito o no.

Rompe con esos parámetros que te dicen que en el éxito está la felicidad. Te lo prometo: la felicidad no estará ahí si cuando llegas al éxito no la llevas contigo. Trabaja en ti mismo, en sentirte valioso, en sentir que tienes mucho que aportar, en darte cuenta de tus virtudes y en escuchar tus verdaderas necesidades. De esa forma ya habrás alcanzado un gran éxito, que no necesitarás mostrarle a nadie, pero que valdrá su peso en oro.

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